
Después de dos años, me tomé vacaciones (YEIIIIIII).
A principios de septiembre, empecé a buscar un lugar para inaugurar las vacaciones. Los requisitos: algo cerca de Santiago, para no estresarse manejando mil horas, tranquilo, bonito, donde no necesitara llegar en 4×4 y con muchos lugares cercanos para pasear y conocer.
Después de visitar un montón de sitios, leer incontables reviews en Trip Advisor y comparar alternativas, terminé con dos finalistas y me decidí (de corazonada mayormente) por los domos de Colchagua Camp.

En Palmilla, a unos cinco minutos de la entrada a Santa Cruz por El Arrayán, está este “glam camp” de tres domos. Ok, están diciendo ¿un qué???. Un glam camp, básicamente un camping sin las incomodidades de los camping (por fin alguien lo inventó!) en este caso, domos con una cama ultra cómoda, frigobar, muebles de cuero, ducha con hidromasaje y una terraza con una vista increíble y una hot tub a leña, para un baño ultra relajante mirando las estrellas.
Si, WOW :-O
En las mañanas, el desayuno campestre estuvo totalmente a la altura: jugo exprimido de naranja, té/café/leche, cereales, huevos revueltos (de campo, maravillosos), dobladitas, queso, pastelitos chilenos…ya se hacen la idea no?
Punto aparte para destacar lo amable de la atención, todos súper bien dispuestos a ayudarte, darte datos y ayudarte con reservas para hacer paseos o visitas a lugares cercanos. Desde don Manuel, el nochero que nos esperó hasta las tantas para irnos a dejar al domo hasta Vero, que nos entregó toda la información que necesitábamos, todos muy amables.

Dentro de los paseos que hicimos, fuimos a Santa Cruz, aprovechando la cercanía, y nos encontramos con una feria de productores artesanales de la zona, organizada por Fosis. Súper entretenida, con productos que iban desde los trajes de huaso hasta las mermeladas gourmet de la señora MarÍa Irene de sabores como pimentón, zanahoria y cebolla, ideales para darle un toque especial a algún picoteo.

Además fuimos a comer a Vino Bello, un restaurant in-cre-íble. En serio, recomendable 100%. Pedimos un provolone para comenzar (y yo una limonada,así es que no puedo opinar sobre los vinos, sorry) y después unos platos para quedar peinados para atrás. Unos Capelli di Zucca alle Noci, unos ravioles de betarraga, rellenos con zapallo camote, queso crema y nuez, con salsa de mantquilla a la salvia. Deliciosos, muy bien preparados, con ingredientes frescos y nada de rellenos misteriosos, un hit. Además, unos Ravioli Santacrocinos altamente adictivos: de espinaca, rellenos con carne braseada, salsa de queso azul y reducción de vino tinto con champiñones. Además del sabor, destaco las porciones, absolutamente precisas, como para disfrutar de los platos sin quedar-pardon my french- con el ombligo parado. Súper adecuado, así quedamos con el espacio necesario para el postre, un Semifreddo al torroncino, una especie de turrón de almendras helado con salsa de caramelo. Rico, pero duuuuuuulce.


Otro paseo para golosos que hicimos fue ir a la Lechería Los Maitenes en Marchigüe. Hace unos siete años, la rr.pp de una empresa me dio de regalo en un lanzamiento una cajita con calugas de allá. Las probé y no se me olvidaron más. Si, así de buenas. Como nunca las encontré en Santiago, aprovechando que estábamos relativamente cerca, partimos para allá, sin saber bien donde quedaba, nada. A pura fe.
Fue ultra fácil llegar. Llegamos a Marchigüe, preguntamos en un negocio y resulta que era súper sencillo llegar: seguimos manejando por la calle principal hasta pasar el hotel Residencia Histórica de Marchigüe y seguimos las señalizaciones un poco más arriba. Fue como llegar a la fábrica de Willy Wonka, pero con manjares, mermeladas, calugas y quesos, por todos lados. Llevamos calugas con coco, con almendras y con nuez, además de un frasco de manjar solo y otro de manjar con lúcuma.¿Valió la pena el pique? De todas maneras. El sabor de las calugas seguía siendo igual de rico que hace siete años y ni hablar de la textura, cremosa, pura leche y azúcar, nada de calugas-mata-tapaduras o disloca mandíbulas. ¿Lo malo? compramos 15, pensando que era casi una exageración. Craso error, a los tres días ya no había calugas y queríamos ir de vuelta a Marchigüe, jajaja.

De vuelta, pasamos a las ramadas en Santa Cruz a comer unos anticuchos un poco “breves” y a ver una exposición de autos antiguos, cerca de la plaza, con conductores caracterizados y toda la cosa, muy entretenida.
Habían empezado oficialmente las vacaciones
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